Esta mañana me he desayunado con esta noticia sobre mi bienamada universidad. Todos estos años de trabajo y esfuerzo de muchas personas (del profesorado, personal de administración y servicios y, por supuesto del alumnado) por dar una sensación de normalidad, es decir, de dedicación constantes y exclusiva a tareas académicas, docentes e investigadoras, de más o menos calidad, pero siempre dignas, tratando de contribuir al conocimiento universal y un mayor bienestar de nuestra sociedad… al garete por la falta de escrúpulos, la miopía y el sectarismo de unos y otros.
Yo no quiero ni un candidato abertzale ni un candidato constitucionalista. O mejor dicho, los quiero a ambos. En la misma candidatura. Compartiendo una visión de la universidad como institución abierta a a los problemas de nuestra sociedad pero también a las grandes cuestiones que preocupan al mundo. Que crean en una universidad que sea capaz de formar a las personas en la crítica, la reflexión y el análisis, y que lidere la investigación de nuestro país en el ámbito científico, tecnológico y social. Una universidad que sea lugar de intercambio de ideas y conocimientos, no un nuevo campo de batalla entre oñacinos y gamboinos.
No más lizarras ni ermuas, por favor. No en mi universidad.